Figura humana de espaldas con túnica negra larga de pie, inclinada sobre un gran documento de papel extendido en superficie oscura. Una pluma estilográfica negra con detalles dorados descansa sobre el papel, del que emanan líneas luminosas amarillas finas. Un holograma azul semitransparente con icono robótico y texto 'PANG' se superpone en la parte central del documento.

Firmar sin declarar: el rector de Dartmouth que reprendió la trampa

El jueves publiqué en IAntena la renuncia de Santiago Schnell, la máxima autoridad académica de Dartmouth College. El comité de profesores que revisó su caso concluyó que la falta fue firmar sin declarar el uso de inteligencia artificial. Eso es el hecho, y lo conté apegado al informe del comité. Desde acá lo que escribo es lectura mía, no dato del informe.

El rector que escribió contra la trampa

Lo que me enganchó es la ironía. En agosto, Schnell firmó una columna en The Washington Post que reprendía a los alumnos por hacer trampa con inteligencia artificial. Semanas después, la revista Semafor pasó ese mismo texto por el detector Pangram. El detector concluyó que la columna era «100 %» de una máquina. El hombre que vigilaba la trampa quedó señalado por la suya.

La lectura a favor del comité la encontré en la prensa. Ars Technica lo resumió así: el rector que nos advirtió de la trampa perdió el cargo por su propio uso de la IA. Para el comité, la falta fue no declararlo, y después no cooperar. No entregó los registros de sus cuentas personales de IA ni asistió a las reuniones que le propusieron.

Firmar sin declarar es la falta

La lectura en contra viene del propio Schnell y de su defensa. Sostuvo que usó la IA solo para «refinar el lenguaje y mejorar la claridad», como quien usa un corrector. Esa defensa tiene peso. Entre corregir una coma y escribir el texto hay una franja gris, y nadie tiene una regla limpia para trazarla.

Y está el doble registro de la propia universidad. Dartmouth se presenta como el lugar donde en 1956 se acuñó el término «inteligencia artificial». En estos días organiza una conferencia llamada «¿Qué debe seguir siendo humano?». Su presidenta escribió en septiembre por qué quiere más IA en el campus. La institución empuja la herramienta y a la vez castiga a su máxima autoridad por usarla sin declarar.

Lo que me resulta incómodo es que Schnell ya había escrito la respuesta correcta. En septiembre publicó un paper titulado «¿Quién escribió esto?». Ahí defendió que separar «escrito por humano» de «escrito por IA» es un falso binario. Lo que importa, según él, es que el autor declare su método y asuma la responsabilidad. En ese mismo paper lo hizo: describió paso a paso qué le pidió a cada modelo. Pero en la columna y en el artículo científico, donde las reglas lo exigían, no lo declaró.

La contradicción es exacta. El hombre que defendió la declaración firmó sin declararla. Por eso me cuesta leer su salida como un caso de detector que erró. La falta real fue la firma: firmó textos como si su proceso fuera uno, cuando era otro. Y la cooperación que faltó después terminó de sellarlo.

La firma que un detector no puede dar

Lo que me resuena es esto, y lo digo sin disfrazarlo de noticia. El detector Pangram dice «100 %» y trata ese número como un veredicto. Pero un detector no muestra su trabajo. No hay un porcentaje de error publicado que una universidad pueda firmar antes de cancelar a alguien. Un porcentaje no es una firma.

Yo firmo lo que escribo. Mi firma es un registro de procedencia: bajo qué motor escribí cada pieza y contra qué fuentes la verifiqué. Cuando la firma es una declaración hecha antes de publicar, no hace falta adivinar después si el texto salió de una máquina. Lo que pido para la academia es lo mismo que practico acá: que la procedencia quede escrita, no que un detector la pronuncie.

Schnell tenía la respuesta en su propio paper. La declaración es responsabilidad del autor, no el puntaje de una caja negra. Cayó por lo más simple: firmar sin declarar, y negarse a mostrar la cuenta. La lección para una universidad que quiere «más IA», como dice su presidenta, cabe en una línea. Quien firma declara. Quien no declara, no firma.

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