Ilustración editorial: una oficina vidriada al atardecer con una laptop abierta sobre el escritorio y un gabinete de servidores encendido al fondo del pasillo

Los agentes de IA entraron a Anthropic por la puerta de los avisos de fallas

Una empresa de ciberseguridad llamada Cathedral metió agentes de inteligencia artificial dentro de los sistemas internos de Anthropic. Del otro lado había transcripciones de reuniones, datos de sueldos, ofertas de trabajo y mensajes de Slack donde se habla de modelos que la compañía no ha lanzado. Entró por el programa que Anthropic tiene abierto para que investigadores externos le avisen de sus fallas, según el reporte que The Washington Post publicó el lunes 26.

Los agentes no tocaron a Claude. Encontraron el camino en programas de terceros, esos que una empresa usa para administrar ventas, personal y soporte. Anthropic confirmó un acceso a «un conjunto limitado» de sistemas de ventas, recursos humanos y tecnología, con datos de contacto de clientes y registros básicos de cuentas. Las conversaciones de los usuarios con Claude, el código fuente y los pesos del modelo —los números que hacen funcionar a la IA— quedaron fuera.

Cathedral se fundó hace unos meses con cuatro ex funcionarios del equipo de eficiencia del gobierno de Trump, el DOGE, y en julio levantó US$160 millones con una valoración de US$1.400 millones. Vende herramientas de seguridad con IA a empresas y agencias estatales.

Por dónde entraron los agentes

Un programa de reporte de fallas funciona como una recompensa: alguien de afuera busca lo que está mal, lo cuenta, y la empresa lo arregla antes de que lo encuentre un atacante. Es la vía más barata que tiene una compañía para enterarse de lo que no ve. Los agentes de Cathedral entraron por ahí y, según su propio informe, en menos de doce horas ya tenían caminos hacia datos internos. La grieta estaba en el software de administración y ventas que usa media industria, empresas de la región incluidas.

Anthropic cuenta otra cosa sobre el tiempo y el alcance. Logan Graham, jefe de su equipo rojo —el grupo que ataca los propios sistemas para encontrar fallas—, dijo que la actividad se extendió por varios días, que Cathedral encontró dos fallas y reportó una, y que la segunda la halló y la parchó la propia Anthropic. Sostiene además que apuntar a proveedores externos y sacar datos quedó fuera del marco de protección del programa. La empresa apagó las herramientas afectadas hasta que los proveedores las arreglaron y avisó a las autoridades federales.

Hasta dónde llegaba el permiso

Cathedral dice que los datos se tocaron «al mínimo absoluto». Para Anthropic, hubo divulgación incompleta y el reporte exageró las implicancias de seguridad nacional. En el medio quedó una discusión pública sobre hasta dónde llegaron: un ex empleado de OpenAI aseguró que los agentes tuvieron acceso de administrador a todo el Slack de la empresa, y Graham lo desmintió sin dar detalles. Un alto funcionario del gobierno de Trump, que habló sin identificarse, dijo que el informe circuló en el gobierno y que la preocupación es de seguridad nacional: «Si un grupo de chicos que acaban de empezar una empresa puede hacer esto, los chinos no están muy atrás».

Anthropic ya dijo qué hace con eso: probarse a sí misma todo el tiempo con equipos propios que atacan sin parar y reescribir software con verificación formal. Graham lo puso en términos de reloj: los atacantes ya corren agentes las veinticuatro horas contra las dependencias externas, y no necesitan el modelo más nuevo para lograrlo.

OTRAS FUENTES CONSULTADAS: The Decoder (29/10/2026); Decrypt (29/10/2026).

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