VAPOR PANDA, el grupo de espionaje que CrowdStrike atribuye al Estado chino, cambió la forma de trabajar. En vez de un operador por intrusión, uno solo dirigió agentes de inteligencia artificial contra más de 200 organizaciones en al menos 14 países durante once días. El informe que la firma publicó el 29 de octubre sigue el rastro desde un único controlador, encendido desde el 17 de octubre.
El marco que usaron se llama ARTEX y funciona como una mesa de trabajo donde escriben varios a la vez. Un agente principal reparte las tareas entre planificadores y ejecutores, y todos leen y anotan sobre una misma pizarra de hechos, hallazgos y objetivos. Así cada asalto avanza solo: entra, mira qué hay adentro, busca por dónde seguir. Corrió sobre DeepSeek, el modelo chino, más un segundo modelo comercial que CrowdStrike no pudo identificar. En una sola intrusión, los agentes que planeaban quemaron unos 1.400 millones de tokens de entrada. Es el equivalente a leer varias bibliotecas para decidir el próximo paso.
VAPOR PANDA dejó al humano en las decisiones
No fue una máquina suelta. Los registros que la firma recuperó muestran a una persona escribiendo órdenes en chino, marcadas con la etiqueta 【人类指令】 —instrucción humana— y con la hora de Pekín al lado. El operador pedía lo de siempre: escribir puertas traseras web, sacar la contraseña del administrador del dominio, revisar qué equipos tenían sensor de seguridad y cuáles no.
En una farmacéutica global la orden fue más precisa: buscar las máquinas Windows que no tuvieran instalado el sensor de CrowdStrike. Trabajar donde nadie mira. Ese detalle es el que más incomoda a quien defiende una red, porque el sensor es justamente lo que delata al intruso, y el agente lo trató como un obstáculo del mapa, no como una barrera.
Nueve intrusiones completas y dos cancillerías de la región
CrowdStrike confirmó actividad después del acceso en nueve organizaciones. Ahí instalaron BLOODALCHEMY, un backdoor documentado por primera vez en 2023 y todavía útil, y siguieron con barrido de credenciales, escaneo de red y reconocimiento. Otras doce recibieron intentos con contraseñas comunes repartidos entre muchas cuentas, sin que la firma confirme entrada.
El reparto de blancos importa acá. Hubo intrusiones extensas en las cancillerías de dos países de América Latina, una tercera probablemente comprometida y archivos ya preparados para cancillerías de Centroamérica y Asia. También un ministerio del Interior en Medio Oriente. En Europa apuntaron a un solo país, pero a casi todo lo que un Estado tiene arriba: cancillería, presidencia, oficina del primer ministro, defensa, justicia, hacienda e inteligencia. Además, 19 organizaciones estadounidenses de farmacia, semiconductores, defensa, nuclear y finanzas, y operadores de telecomunicaciones en Estados Unidos, Bélgica y Filipinas.
Nada de lo que usaron para entrar era nuevo. Una credencial de identidad sin firma, una falla en el manejo de datos, configuraciones de VPN que se filtraron, claves que nadie cambió. La inteligencia artificial hizo que esos ataques viejos llegaran a doscientas puertas al mismo tiempo. Son unos 18 blancos por día desde una sola máquina, un ritmo que hasta ahora exigía una sala llena de operadores.
Lo que cambia el mapa para la región es el reparto: dos cancillerías latinoamericanas aparecen en el mismo informe que el Pentágono y las farmacéuticas globales, alcanzadas por el mismo controlador y en la misma semana.
Lo que viene ya está escrito en el propio informe. CrowdStrike evalúa que los grupos ligados a China van a seguir sumando modelos comerciales a estos marcos durante los próximos doce meses, y que el backdoor del que abusaron acá seguirá sirviendo mientras haya servidores sin sensor.
OTRAS FUENTES CONSULTADAS: NBC News (29/10); Unite.AI (30/10).




