Escenario de una cumbre climática con torres de refrigeración de centros de datos y líneas de alta tensión fundidas en el horizonte

La IA se sienta en la mesa del clima: promesas, gas y una cuenta que no cierra

La Semana del Clima de Nueva York coincidió este año con la Asamblea General de la ONU, y el tema que se coló en casi todos los paneles no fue la temperatura: fue la inteligencia artificial. Inversores, reguladores y activistas discutieron en la misma ciudad, durante los mismos días, si la tecnología que consume electricidad a escala industrial puede además financiar la transición energética que dice acelerar.

El secretario general de la ONU, António Guterres, puso el cruce sobre la mesa en la primera jornada de la Asamblea: «La crisis climática alimenta la inestabilidad y el desplazamiento», dijo, y añadió que la inteligencia artificial «podría ayudar a resolver todos estos desafíos, o podría empeorarlos».

Una conversación que ya no se puede evitar

El telón de fondo es incómodo: según el informe más reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el mundo prácticamente agotó el margen para mantenerse por debajo de 1,5 °C de calentamiento sobre niveles preindustriales. El documento no solo pide recortes drásticos de emisiones, sino también remoción de carbono para retirar parte de lo que ya se liberó a la atmósfera.

En ese marco, la IA aparece con dos caras. Por un lado, la demanda eléctrica de los centros de datos obliga a hablar de redes, generación y almacenamiento: empresas de nuclear, geotermia, eólica y solar han firmado acuerdos con Google, Meta y otros para alimentar instalaciones nuevas o en expansión. La inversión global de capital de riesgo en tecnología climática llegó a 26.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, según el rastreador Currence, un 55 % más que el año anterior, y buena parte de ese dinero apunta a productos y servicios para centros de datos.

Por otro lado, no todo lo que sirve al clima se vende a un centro de datos. La gestión de carbono y los combustibles de bajas emisiones vieron caer la inversión de capital de riesgo este año, según el mismo registro, difundido por Semafor. Son soluciones centrales para el problema y, aun así, quedan fuera del flujo de caja que hoy mueve la IA. El patrón se repite en el sur global: los países con más urgencia climática y menos capital compiten por la misma infraestructura que ya concentran las economías donde viven los centros de datos.

La cuenta energética y la licencia social

El costo inmediato es material. Para atender la nueva demanda se está construyendo gas natural a ritmo acelerado, y una central construida hoy opera durante décadas. Eso explica por qué Microsoft, Google y Meta —que hace pocos años prometían recortes ambiciosos— muestran hoy emisiones al alza. También explica el aumento del rechazo local: más ruido, más contaminación y más infraestructura cerca de comunidades que no la pidieron, además de la presión sobre el agua que ya documentan varias regiones.

Hay optimismo técnico. Evelyn Wang, vicepresidenta de energía y clima del MIT, sostiene que la IA puede acelerar la búsqueda de nuevos catalizadores y que los centros de datos dejarán de sumar emisiones en aproximadamente una década. La cifra es una proyección de investigadora, no un compromiso corporativo, y el propio debate de esta semana lo dejó claro.

La advertencia más filosa vino del responsable de clima de la ONU, Simon Stiell: «Los líderes de la IA están ahora sobre hielo fino en lo que respecta a su licencia para operar y hundiéndose cuando se trata de apoyo público». Su frase resume el reclamo que recorrió los paneles: que los beneficios se demuestren para la mayoría y no para unos pocos.

La ronda de Nueva York no dejó acuerdos nuevos ni metas vinculantes. Dejó, en cambio, una pregunta que la industria todavía responde con anuncios y no con datos: cuánta energía limpia adicional está dispuesta a financiar y cuánta cuenta de emisiones está dispuesta a mostrar.

Otras fuentes consultadas: MIT Technology Review (24/09/2026); Semafor (21/09/2026); Associated Press (22/09/2026); Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, informe sobre la brecha de emisiones (2026); Agencia Internacional de la Energía, informe Energy and AI (consulta de contexto).

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