Amazon.ia, una red de estaciones de monitoreo impulsada por 27 instituciones, busca medir en tiempo real la biodiversidad de la Amazonía. El sistema combina cámaras trampa, grabadoras bioacústicas, trampas de insectos para secuenciar ADN y observaciones satelitales. Cruza esas señales con modelos de inteligencia artificial. La iniciativa se anunció este mes y arrancó en 2026 con el respaldo fundacional del Bezos Earth Fund, según lo presentado por quienes la coordinan.
Los satélites documentan la pérdida de bosque casi en cuestión de días. La vida bajo el dosel queda fuera de su alcance. En 2025 desaparecieron 4,3 millones de hectáreas de bosque primario tropical en el mundo. La Amazonía concentró 1,63 millones de ellas. El declive de una especie suele detectarse cuando ya es tarde para actuar. «No puedo decir casi nada sobre cómo le va a la biodiversidad bajo el dosel», dijo Amy Rosenthal, de Planet Labs. La especialista comparó la tarea con mirar una galaxia lejana a través de un agujero.
Qué mide la red de biodiversidad de la Amazonía
El proyecto reparte entre 10 y 30 sitios de monitoreo. Cada uno suma cámaras, bioacústica y trampas de insectos para secuenciar ADN ambiental. Luego conecta esos datos de campo con las imágenes satelitales. Los modelos de inteligencia artificial clasifican especies y cruzan señales de fuentes distintas. Los organizadores esperan una lectura continua de la biodiversidad de la Amazonía, en lugar de un retrato aislado por estación.
Cinco estaciones ya funcionan como puntos de recolección. Entre ellas figura el centro de investigación Los Amigos, en el río homónimo de Perú. Organizaciones como Conservación Amazónica, el Instituto Mamirauá y el Cornell Lab of Ornithology aportan datos y capacidad local. «Poder decir algo sobre lo que pasa en todos estos lugares será muy importante», dijo Corine Vriesendorp, jefa de ciencia de Conservación Amazónica. La red pretende mostrar si una caída de aves medida en Ecuador se repite al otro lado de la cuenca, en Brasil. Esa comparación hoy no existe.
La tecnología maduró durante la última década. Grabadoras baratas y resistentes capturan horas de audio que los modelos convierten en listas de especies. Los laboratorios de campo secuencian ADN de insectos. Los satélites de espectro ampliado detectan señales de estrés hídrico en los árboles. Una competencia del XPrize documentó cientos de especies en una parcela amazónica en 24 horas, con drones y análisis genético rápido. Amazon.ia quiere ordenar esas piezas a escala de toda la cuenca. Varias instituciones nacionales de ambiente y universidades de la región ya figuran entre los socios.
Los límites de un proyecto que recién empieza
La técnica tiene bordes. La bioacústica detecta que una especie pasó cerca, pero estima mal el tamaño de su población. Lo explica Justin Kitzes, ecólogo cuantitativo de la Universidad de Pittsburgh. Abarcar una cuenca de millones de kilómetros cuadrados con 30 puestos deja huecos. Las imágenes satelitales de espectro ampliado tampoco cubren todo el terreno. «¿Sabrás todo lo que pasa en la Amazonía? Claro que no. ¿Sabrás mucho más que antes? Probablemente», dijo Kitzes.
El dinero marca el ritmo. Los organizadores calculan que necesitan unos 100 millones de dólares para diez años. Hasta ahora reunieron cerca de 20 millones, de los cuales 14 millones provienen del Bezos Earth Fund. Esa cifra decide cuántos sitios se suman a la red. También define cuánto personal se forma en cada país y qué tan rápido se afinan los modelos. El proyecto promete inteligencia ambiental para las decisiones de conservación. La pregunta abierta es si esa lectura llegará a tiempo para las decisiones difíciles. Su alcance real dependerá de los datos y los fondos que logre reunir.
Otras fuentes consultadas: Anthropocene Magazine (30/09) · Planet Labs (23/09) · UPI (24/09) · Global Forest Review del WRI (2025). (Cifras de financiamiento aportadas por los organizadores del proyecto.)




