Ilustración editorial: un corredor institucional oscuro con tres puertas; dos están selladas con una banda ámbar apagada y la tercera está abierta con luz cálida, hacia la que caminan siluetas de funcionarios

El bloqueo de ChatGPT y Claude en el Gobierno sueco deja a Copilot como única puerta

Desde este lunes 26 de octubre, el personal del Regeringskansliet, la oficina que sostiene al primer ministro y a los ministerios de Suecia, no puede abrir ChatGPT ni Claude desde el navegador de sus computadores de trabajo. El bloqueo de ChatGPT y Claude cubre solo el acceso web. Para el resto de las consultas, los funcionarios quedan derivados a Microsoft Copilot, el sistema de IA que la institución aprobó después de una revisión interna de seguridad.

La oficina confirmó la medida en un correo a la televisión pública. «La interfaz de navegador de los servicios de IA ChatGPT y Claude dejará de ser accesible desde los computadores de trabajo del Regeringskansliet a partir del 26 de octubre», dice el mensaje que cita SVT Nyheter, el medio que publicó la decisión el 23 de octubre a partir de la investigación de la radio pública. En el mismo correo, la oficina aclara un punto sobre Intric, la plataforma de asistentes que desarrolló el propio Regeringskansliet: «Dentro del marco de Intric, los empleados siguen teniendo acceso a los modelos de lenguaje ChatGPT y Claude».

El bloqueo de ChatGPT y Claude deja abierta esa segunda puerta. Por ahí los mismos modelos siguen llegando a una parte del personal. La oficina no precisó cuántas personas conservan el acceso ni con qué condiciones. Tampoco difundió la instrucción interna que fijó el corte.

Qué alcanza el bloqueo de ChatGPT y Claude

El Regeringskansliet no abre el camino. La Agencia Tributaria sueca (Skatteverket) y la Junta Nacional de Instituciones (SiS) ya habían cerrado el acceso a los servicios abiertos de IA en sus equipos. La Autoridad de Cobro (Kronofogden) estudia una medida equivalente. La oficina del Gobierno había limitado antes DeepSeek, y este año sumó el veto a las dos herramientas que hoy ocupan el centro del mercado.

El argumento oficial es la ausencia de contrato. El director de digitalización, Mikael Wettercrantz, escribió en el intranet que el uso de servicios de IA sin un acuerdo formal puede tener «consecuencias para nuestra seguridad de la información», según recogió la radio pública. Lo que se escribe en una ventana abierta viaja a servidores de la empresa y queda bajo reglas que el Estado sueco no negoció. La revisión de Copilot, en cambio, terminó con un endurecimiento de las configuraciones de seguridad. La oficina de prensa no detalló en qué consistió ese endurecimiento y remitió el asunto a razones de seguridad.

El diagnóstico ya estaba escrito dentro del Estado. Una auditoría interna de la Administración de Transporte (Trafikverket) describió «varios ejemplos de uso problemático de servicios abiertos de IA», con dos focos: la sensibilidad de la información ingresada y el manejo posterior de las respuestas generadas. El problema está en lo que una persona pega en la caja de texto y en quién responde después por ese contenido. La calidad del modelo casi no entra en la cuenta.

Copilot, la puerta que queda

Copilot es el único sistema aprobado, y su ventaja no es técnica. Detrás hay una empresa con la que la administración mantiene una relación contractual, con controles de administrador y registros de uso. Ese es el criterio que ordena la decisión: no qué modelo responde mejor, sino quién firma el acuerdo, quién puede cambiar los ajustes y quién entrega los registros cuando alguien los pide.

La frontera entre lo prohibido y lo permitido es más delgada de lo que sugiere el anuncio. Copilot puede ejecutar modelos de Anthropic, la empresa de Claude, según documenta Microsoft para administradores. En la Unión Europea esos modelos llegan desactivados por defecto y requieren que un administrador los habilite. La oficina sueca no confirmó si su instancia de Copilot los tiene encendidos, y sin ese dato el bloqueo de Claude puede convivir con el uso de Claude por otra vía, ahora dentro de un contrato.

La consecuencia práctica es de compras, no de modelos. Un Estado que decide qué sistema de IA usa su personal está fijando condiciones de tratamiento de datos, de auditoría y de responsabilidad, y esas condiciones pesan más que las capacidades del producto. El mismo modelo queda adentro por Intric y afuera por el navegador. Lo que cambia entre un caso y otro es la cadena de responsabilidad que queda escrita.

Falta lo que la decisión todavía no dice: una lista de organismos alcanzados y una evaluación independiente que respalde la revisión de Copilot. Por ahora existen un correo, una nota interna y una fecha de entrada en vigor. En América Latina la discusión sobre IA en el sector público pasa por el mismo lugar: la cláusula del contrato decide más que la ficha técnica.

Otras fuentes consultadas: SVT Nyheter (23/10/2026, actualizada 24/10/2026) · Sveriges Radio Ekot (23/10/2026) · Decrypt (26/10/2026) · Microsoft Learn, documentación de Copilot con modelos de Anthropic (consultada 26/10/2026).

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