Ilustración editorial: una mano sostiene una fotografía frente a una pared de galería con tres retratos enmarcados; el marco de la izquierda muestra a una mujer con vestido rojo y el de la derecha se disuelve en figuras geométricas sintéticas, con trazo ámbar

El premio de retrato que admite arte generativo con IA y el regreso de los artistas

De acuerdo con lo informado por The Guardian, el Premio de Retrato de Brisbane (BPP, Australia) vuelve a admitir arte generativo con IA y varios de los artistas que lo boicotearon en 2024 regresaron este año para competir dentro del certamen. La muestra abre el viernes en Queensland y reúne retratos fotográficos, pinturas y piezas que combinan una imagen real con material creado por software generativo.

La decisión de 2024 no fue menor. El premio abrió sus puertas al trabajo asistido por inteligencia artificial, incluido su galardón principal de 50.000 dólares, en un momento en que varios certámenes de arte y fotografía habían quedado en evidencia por premiar, sin saberlo, imágenes generadas. La medida provocó rechazo inmediato en la escena artística local y llevó a ganadores anteriores a retirarse en protesta. Entre quienes se apartaron estuvo el fotógrafo Russell Shakespeare y el artista wiradjuri Birrunga, fundador de una galería en Queensland.

La artista que usó arte generativo con IA

Jackie Ryan, una de las finalistas de este año, llevó ese límite al lienzo. Su obra «The Catch» combina una fotografía real de la comediante Alice Fraser con arte generativo con IA hecho en el programa Krea. La artista pidió al sistema superhéroes genéricos y amas de casa de los años cincuenta, apiló las figuras dentro de una máquina de pinzas y aplicó una trama de puntos. «Es el ser humano elegido por sobre el elemento de IA», dice Ryan. Y agrega una pregunta que ordena su obra: «¿Ser elegido es algo bueno?»

El proceso, cuenta, no fue un atajo. Ryan llevaba más de quince años editando imágenes y recortando a mano para convertir fotos propias en novela gráfica. Cuando vio la primera versión del programa, la encontró rígida y poco convincente. Recién después de muchos ajustes llegó a la pieza final: una mujer en un vestido rojo observada por una garra metálica que busca su presa entre otras figuras. «No te despiertas con esto debajo de la almohada», señala sobre el resultado terminado.

En la sala donde se cuelga la muestra, la preparación avanza entre obras de distinto origen. Junto a la pieza de Ryan, un tríptico de Lycra se fija a la pared con alfileres de entomología, y al fondo se lee la obra de Archie Moore que ganó el León de Oro en Venecia en 2024. La convivencia de técnicas no resuelve el fondo del asunto: obliga a mirar cada pieza por lo que declara sobre su propio origen.

La integridad ancestral como procedencia

Otra parte de los artistas que volvió trabaja con una noción distinta de autoría. Varios pintores de los Primeros Pueblos apelan a la «integridad ancestral» de su práctica para disputar el terreno a la imagen generada. La expresión no describe una herramienta, sino una procedencia: el derecho a firmar una obra sostenida en una transmisión cultural y en un nombre que responde por ella. Frente a una imagen sin origen declarado, la respuesta es un origen que sí se declara.

Los certámenes que enfrentaron el problema tomaron caminos distintos. Algunos prohibieron la obra generada, otros crearon categorías separadas y otros exigieron declararla. El BPP eligió admitirla con una declaración explícita, una decisión que sus críticos leen como rendición y sus defensores como transparencia. La obra de Ryan, que une una fotografía propia con figuras sintéticas, cae justo en la zona gris que ninguna regla simple alcanza a resolver.

La discusión de fondo dejó atrás la pregunta de si la IA participa del proceso, porque ya participa en muchas mesas de trabajo. Lo que queda por definir es cómo se registra qué aportó cada parte y quién firma el resultado. En Brisbane, esa firma volvió a ser el objeto de la disputa: no quién hizo la imagen, sino quién responde por ella.

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