El Pentágono quiere una nueva generación de polígrafos. La solicitud de presupuesto del Departamento de Defensa de Estados Unidos incluye un programa para el año fiscal 2027. Se llama Polygraph+ o Polygraph Next y busca construir un detector de mentiras con IA. El proyecto reúne algoritmos de puntuación basados en aprendizaje automático. Suma una técnica que el documento llama detección a distancia: toma lecturas fisiológicas sin conectar sensores al cuerpo. El desarrollo quedaría a cargo de la Agencia de Contrainteligencia y Seguridad (DCSA), la misma que hace las verificaciones de antecedentes del gobierno federal. El pedido ronda los 30 millones de dólares repartidos en cinco años y todavía espera la aprobación del Congreso.
El polígrafo mide presión arterial, pulso, respiración y sudoración. El examinador compara las respuestas a preguntas neutras con las respuestas a preguntas críticas y saca una conclusión sobre la veracidad. La técnica casi no cambió desde que apareció, en la década de 1920, y su uso para filtrar personal arrastra cuestionamientos de larga data. De acuerdo con la justificación presupuestaria del programa, Polygraph+ busca modernizar las tecnologías federales de polígrafo y evaluación de credibilidad. El programa apunta a usarlas en la selección de candidatos y en la detección de amenazas internas.
Cómo funcionaría el detector de mentiras con IA
El documento detalla la dirección técnica. El programa quiere avanzar en detección sin contacto, puntuación automatizada y ayudas a la decisión. Prevé estudios de validación independientes, pruebas de campo y evaluación de prototipos. También prevé almacenamiento centralizado de datos y analítica. La pista sobre los sensores viene de 2023. Ese año, la Unidad de Innovación de Defensa eligió dos empresas para prototipos. Presage Technologies mide pulso y respiración con cámaras comunes. Altec Research sigue movimiento de cabeza, temperatura de la piel y actividad de los poros. El detector de mentiras con IA combinaría varias señales en una sola puntuación. Sus socios declarados son el Laboratorio de Investigación Aplicada para Inteligencia y Seguridad y el laboratorio nacional Oak Ridge.
La propuesta no convence a quienes estudian la credibilidad. Kyri Kotsoglou, de la Universidad de Northumbria, sostiene que sumar aprendizaje automático al polígrafo agrega incertidumbre sobre una base inválida. Marion Oswald, especialista en derecho, apunta que no existe una verdad de referencia: aunque hubiera registros de miles de pruebas, nadie sabe cuáles acertaron. El Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos calificó la evidencia como «débil en el mejor de los casos» en 2003. Una oficina del Congreso había encontrado muy poco respaldo para el filtrado de empleados en 1983. La Asociación Estadounidense de Polígrafos afirma una precisión de entre 80% y 94%. La misma revisión de 2003 advirtió que ese margen genera muchos errores cuando se aplica a gran escala.
Por qué el polígrafo no convence a la ciencia
El problema es estructural. No existe una señal única de la mentira que sirva para todas las personas y en todo momento. Décadas de intentos no dieron resultados fiables fuera del laboratorio. La lista incluye cámaras térmicas, seguimiento de pupilas, escaneos cerebrales, el sistema británico Silent Talker y el proyecto AVATAR en la frontera estadounidense. Sophie van der Zee estudia el engaño en la Universidad Erasmus de Róterdam. Resume el problema con una imagen: todavía no hay una nariz de Pinocho. La experta añade que el mayor efecto del polígrafo es la disuasión. Esa disuasión depende de que la persona crea que el aparato funciona. Quien conoce el mecanismo puede entrenarse para engañarlo.
El contexto del pedido agrega presión. Bajo el secretario de Defensa Pete Hegseth, el Pentágono recurrió a pruebas de polígrafo para encontrar filtraciones a la prensa. En septiembre, unos 50 oficiales del Estado Mayor Conjunto pasaron por esas pruebas, según reportes de prensa. El Departamento de Defensa emplea a 2,8 millones de personas. Un sistema imperfecto aplicado a esa escala puede acusar en falso a miles. Oswald lee el programa como una respuesta a la preocupación por las filtraciones y la lealtad percibida. Sostiene que la herramienta sirve más para intimidar y forzar confesiones que para obtener información válida. El Congreso todavía no aprueba el gasto.
Otras fuentes consultadas: MIT Technology Review (25/09) · Inside Defense (23/09) · The New York Times (04/09) · Consejo Nacional de Investigación de EE. UU., informe de 2003 · Oficina de Evaluación Tecnológica del Congreso, informe de 1983 · American Polygraph Association.




