Satélite experimental con chips de IA al descubierto, paneles solares y aletas de radiador en órbita baja sobre la Tierra

Google lanza su primer centro de datos orbital: cuatro chips, un kilovatio y quince minutos

El 1 de octubre despegará un satélite del tamaño de un refrigerador con cuatro chips de inteligencia artificial de Google a bordo. La misión pondrá en órbita el primer centro de datos orbital de la compañía y probará si sus aceleradores sobreviven al espacio. Los chips ejecutarán modelos Gemini en tramos de quince minutos y después se apagarán para que un radiador disipe el calor acumulado.

De acuerdo con lo publicado por Google, el prototipo se llama MVP y es el primer paso de Project Suncatcher. El programa, presentado en 2025, investiga si el espacio puede albergar infraestructura de aprendizaje automático a escala. La atracción es energética: en órbita baja los paneles reciben luz casi continua y generan hasta ocho veces más energía solar que en la superficie. El satélite viajará en la misión compartida Transporter-18, de SpaceX. Google no construyó la nave: integró sus chips en una plataforma que la empresa Planet ya había fabricado. Fue una decisión para acelerar la prueba.

El centro de datos orbital enfrenta tres obstáculos concretos: la vibración del lanzamiento, la radiación y el calor. Un viaje a órbita baja dura unos diez minutos y somete a la nave a aceleraciones de hasta diez veces la gravedad. Los componentes sueltos, como los chips, aguantan fuerzas de 50 a 100 g. El equipo de Google sacudió el satélite en tres ejes para imitar las frecuencias del cohete. La prueba en tierra confirmó que el hardware resistía.

Qué debe sobrevivir un centro de datos orbital

La radiación es el segundo filtro. Los ingenieros probaron las unidades de procesamiento tensorial Trillium en un haz de protones. El ensayo se hizo en el laboratorio Crocker, de la Universidad de California en Davis, mientras los chips ejecutaban cargas de trabajo reales. Los ingenieros buscaban ver cómo un error de un solo bit afectaba el resultado. Los datos iniciales indican que los chips soportan una dosis ionizante mayor que la de una misión de cinco años. El equipo no puede reproducir en tierra la combinación real de radiación, vacío y temperatura.

El calor es el problema mayor. Un radiador espacial convencional desaloja poca energía, y un acelerador de IA genera mucha. La solución de Google usa una capa de material de interfaz térmica que une los chips con tubos de aluminio y cobre. Esos tubos conducen el calor hacia un radiador, que lo proyecta al vacío. Con ese diseño, el sistema solo puede operar en ráfagas de unos quince minutos. Después, los chips se apagan y esperan a que el radiador se recupere.

Un experimento, todavía no un producto

La escala de la prueba ordena las expectativas. El prototipo produce alrededor de un kilovatio de energía solar, suficiente para un microondas, y operará solo unos meses. Un centro de datos terrestre reúne miles de los mismos chips y consume electricidad de una red industrial. Google mantiene su plan de lanzar dos satélites propios en 2027 y, más adelante, de unir constelaciones con láseres de alta velocidad. Sus responsables calculan que pasarán años antes de que Suncatcher deje de ser un proyecto. La compañía compara el esfuerzo con la investigación temprana en conducción autónoma y computación cuántica.

El interés tiene una raíz material. Los centros de datos terrestres consumen agua y electricidad, y su instalación enfrenta rechazo en varias regiones. En órbita no hay nubes ni vecinos, y la energía solar llega sin interrupciones. El calor, en cambio, no desaparece: en el vacío solo se disipa por radiación, y ese límite es el que esta misión empieza a medir. La primera prueba busca registrar qué falla, para corregirlo en el siguiente diseño.

Otras fuentes consultadas: Ars Technica (24/09/2026); The New York Times (24/09/2026); Google Research, «Towards a future space-based, highly scalable AI infrastructure system design» (2025).

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