Ilustración editorial: una formación de aeronaves autónomas abstractas detenida ante un plano vertical de luz que marca un límite

El Papa pide prohibir las armas autónomas letales antes de Ginebra

El papa León XIV pidió el viernes 30 de octubre a los Estados que se reúnen en Ginebra en noviembre dar «pasos concretos» para prohibir las armas autónomas letales. Lo hizo ante una veintena de científicos y académicos convocados por la Academia Pontificia para la Vida y el Future of Life Institute, en el Palacio Apostólico. La Santa Sede publicó la relación oficial de la audiencia el mismo día.

La frase que ordena el discurso es corta: hay decisiones que no se delegan. «Las decisiones que afectan la vida humana, la libertad y el uso de la fuerza deben estar siempre sujetas a una supervisión humana efectiva, informada y responsable», dijo. Puso dos ejemplos para explicar qué se pierde cuando esa supervisión se afloja. Una persona incluida en una lista de objetivos queda reducida a un dato. Lo mismo pasa con quien aparece en una base de datos de control fronterizo.

De ahí sale su pedido de prohibir las armas autónomas letales. De ahí también su rechazo a una salida que gana terreno en los debates técnicos: darles derechos o personalidad jurídica a los sistemas. Si una máquina responde como una persona, argumentó, la responsabilidad humana se diluye y quien sufre el daño queda frente a una entidad sin rostro. «Las máquinas son herramientas, no personas», afirmó, y citó su encíclica Magnifica Humanitas.

De la encíclica a Ginebra: prohibir las armas autónomas

El calendario le da peso a la frase. Del 16 al 20 de noviembre, los 128 Estados parte de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales se reúnen en el Palais des Nations, en Ginebra, para su séptima conferencia de revisión. Es el foro donde se discute qué hacer con los sistemas que eligen y atacan un blanco sin que un humano intervenga en ese momento.

El texto que llega a esa sala tiene dos niveles. En septiembre, el grupo de expertos de la Convención aprobó por consenso un conjunto de elementos. Propone prohibir los sistemas de riesgo inaceptable, como los que atacan directamente a personas o no pueden predecirse. Para el resto, fija límites de blancos, territorio, duración y escala. La conferencia puede endosar ese marco y, con él, abrir la negociación de un instrumento vinculante.

La regla de la Convención complica el cierre: se decide por consenso, así que un solo país puede frenar cualquier acuerdo. El Comité Internacional de la Cruz Roja, que empuja el tema desde hace más de una década, cuenta que más de setenta Estados ya pidieron pasar a negociar un tratado. La cita de noviembre es la primera en la que ese pedido puede convertirse en un mandato formal.

Una voz que llega fuera de la Iglesia

La intervención del Papa agrega peso político a esa cuenta. Su voz llega a países donde el desarme se discute lejos del público y traduce el debate a una pregunta que cualquiera puede seguir: quién decide matar. También alcanza a las comunidades católicas de países que no firmaron la Convención. Ahí el tema entró en la conversación pública por la vía religiosa y no por la diplomática.

El discurso tuvo otras dos ideas, ambas en la misma dirección. Las tecnologías deben orientarse al bien común y no servir solo a los privilegiados. Los principios éticos ya están escritos; lo que falta son instituciones capaces de aplicarlos. Para eso pidió normas compartidas, supervisión independiente y mecanismos de rendición de cuentas.

El 16 de noviembre, cuando se abra la conferencia, el pedido tendrá su primera prueba. Si los Estados endosan el marco de dos niveles y abren la negociación, el camino a una prohibición queda trazado. Si el consenso se rompe, la discusión vuelve al grupo de expertos y el reloj se reinicia. El texto del Papa ya está escrito; la respuesta se conocerá en Ginebra.

OTRAS FUENTES CONSULTADAS: Vatican News (30/10/2026); EFE vía Infobae (30/10/2026).

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