Ilustración editorial: vista aérea de la selva amazónica con un río serpenteante y una retícula ámbar que marca cuadros de deforestación.

Monitoreo satelital de la Amazonia: R$ 147,6 millones para anticipar la deforestación

Brasil destinó R$ 147,6 millones del Fundo Amazônia a ampliar el monitoreo satelital de la Amazonia y del resto de sus biomas. El dinero va al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). Allí financiará la lectura automática de imágenes con aprendizaje de máquina y un sistema para anticipar nuevos cortes. El anuncio se hizo el viernes 16 de octubre. El aporte es no reembolsable y se ejecutará en 60 meses.

De acuerdo con lo informado por el BNDES, gestor del fondo, el proyecto se llama SIM-Biomas. Su objetivo es integrar los dos sistemas con que el país mide la pérdida de vegetación. El Prodes calcula la tasa anual con precisión. El Deter emite alertas casi en tiempo real para orientar la fiscalización. Hoy funcionan por separado: el dato exacto llega tarde y el aviso rápido llega con menos detalle.

El monitoreo satelital de la Amazonia ya produce cifras como las que se conocieron ese viernes. La deforestación en la Amazonia legal fue de 3.335 km² entre agosto de 2025 y julio de 2026. Eso es un 41,8% menos que los 5.731 km² del período anterior y la marca más baja desde 1988.

En el Cerrado la caída fue de 23,8%, hasta 5.516,69 km². Casi tres cuartas partes de esa pérdida (74,3%) se concentraron en Matopiba, la franja de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahia.

De una foto al año a un aviso en semanas

Un satélite fotografía el territorio cada pocos días. La imagen, por sí sola, no dice dónde hubo corte raso ni dónde la vegetación se recupera. Alguien tiene que leerla. En el método actual, el Prodes produce un número por año. El Deter revisa un subconjunto de imágenes y publica alertas con días de diferencia. Esa diferencia de ritmo explica por qué un desmonte aparece en el mapa anual cuando la madera ya salió.

El cuello de botella es la clasificación. Los analistas del INPE separan bosque de pasto, de suelo desnudo y de cicatriz de incendio. Esa tarea consume tiempo humano. El SIM-Biomas quiere entrenar modelos con miles de ejemplos ya clasificados. La idea es que la primera lectura se haga sola y las personas revisen lo dudoso. El sistema seguirá dependiendo de que la imagen exista y de que alguien mire el resultado.

Qué cambia en el monitoreo satelital de la Amazonia

El primer cambio es de calendario. Con la integración, el INPE espera generar datos del Prodes más de una vez por año. La tasa dejaría de ser un balance anual y se acercaría a un seguimiento continuo. El segundo cambio es de cobertura. El Deter hoy vigila la Amazonia, el Cerrado y el Pantanal; se extenderá a la Caatinga, la Mata Atlántica y la Pampa. Esos tres biomas no tenían alertas diarias.

El tercero es de detalle. El mapa nacional de áreas quemadas trabaja fuera del Cerrado con cuadros de un kilómetro de lado. El proyecto prevé bajarlos a 30 metros en todos los biomas. Un cuadro de 1 km equivale a unos 140 campos de fútbol; uno de 30 metros, a menos de uno. Con esa resolución se puede saber por dónde entró el fuego y cuánto avanzó, y no solo que hubo fuego en una zona extensa.

Hay una cuarta pieza, la más ambiciosa. Un Subsistema de Inteligencia Territorial cruzará datos de deforestación y degradación con información sobre tenencia de la tierra, economía y clima. De ahí saldrán indicadores de riesgo de corto plazo. Los análisis podrán ordenarse por cuenca hidrográfica o por tierra indígena. Habrá escenarios para simular distintas condiciones de política pública. Todo se reunirá en una plataforma pública, TerraBrasilis++, con una sala de situación y otra de escenarios.

El límite está fuera del sistema. Un alerta no detiene una motosierra. La fiscalización depende de inspectores, vehículos y presencia en el terreno. El propio INPE produce el dato que otro tiene que convertir en acción. Además, la tasa amazónica de este año es una estimación basada en imágenes prioritarias. La cifra consolidada se publica en el primer semestre siguiente; la del Cerrado ya es definitiva.

El proyecto también incluye sobrevuelos para medir CO₂, metano y otros gases en la Amazonia. Esos datos se compararán con las estimaciones calculadas a partir de los cambios en la vegetación. El objetivo es reducir la incertidumbre de los inventarios de emisiones y de los informes del país ante el Acuerdo de París. El INPE publicará los métodos y las licencias de software de forma abierta. En un país donde la cifra de deforestación es argumento político, que el método pueda replicarse importa tanto como el resultado.

Fuentes consultadas: BNDES (16/10), INPE (16/10), Agência Brasil (16/10) y G1 (16/10).

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