El avance de la inteligencia artificial en el cine genera posturas encontradas entre los cineastas más influyentes. Mientras algunos la exploran como herramienta creativa, otros la rechazan de manera frontal. Los datos del sector indican que el debate ya no gira en torno a si la IA entrará en la industria, sino en qué condiciones y bajo qué límites lo hará.
Según The Guardian, Christopher Nolan afirmó que la idea de que la inteligencia artificial reemplace por completo a los seres humanos y a la creatividad humana le parece “un disparate”. El cineasta, que promociona su adaptación de La Odisea, sostiene que el tipo de cine que él realiza —grandes producciones de acción rodadas principalmente en locaciones reales— sobrevivirá a la expansión de esta tecnología. Reconoció que la IA producirá “herramientas de imagen” útiles, pero marcó una línea clara respecto al contenido comercial que prolifera en redes. “Los jóvenes acuñaron el término AI slop —contenido basura generado por inteligencia artificial—. Hay una especie de desdén hacia las cosas hechas con IA”, dijo a AFP en París. Añadió que nunca vio “una tecnología tan exitosamente adoptada por Wall Street y por los inversores que el público haya rechazado de forma tan contundente”.
Ni la solución ni la muerte de todo
Otros cineastas de primer nivel adoptan posturas más abiertas. Steven Soderbergh utilizó IA generativa para crear “imágenes surrealistas que ocupan un espacio onírico” en su documental sobre John Lennon y Yoko Ono, aunque matizó: “No creo que sea la solución para todo, ni la muerte de todo. Estamos en las etapas iniciales”. James Cameron explora aplicaciones de la tecnología, pero asegura que la IA generativa sin control de artistas de efectos visuales no tendrá lugar en el universo Avatar. Darren Aronofsky prestó su nombre a una serie web realizada con inteligencia artificial sobre la guerra revolucionaria estadounidense; la recepción fue mayoritariamente negativa y se criticó la falta de profundidad. Guillermo del Toro, por su parte, declaró que preferiría “morir” antes que usarla en sus películas. Steven Spielberg afirmó que aún no la ha empleado, sin cerrar del todo la puerta.
El estreno de La Odisea, con un presupuesto estimado de 250 millones de dólares y un elenco que incluye a Matt Damon, Zendaya, Tom Holland, Robert Pattinson y Anne Hathaway, sitúa a Nolan en una posición privilegiada para opinar. El director ya trazó paralelismos entre el momento actual y la responsabilidad de los científicos nucleares en la era de Oppenheimer. Insiste en que el debate no debe centrarse solo en la herramienta, sino en quién toma las decisiones. “Lo que no podemos permitir es que la dirección de las empresas, los empleadores y los productores usen la inteligencia artificial en el cine para eludir su responsabilidad”, declaró en 2023. Tres años después, esa distinción sigue marcando la frontera del debate.
Ben Affleck y los senderos que se bifurcan
En ese contexto, el caso de Ben Affleck resulta especialmente revelador. En 2023, junto a Jennifer López, donó al menos un millón de dólares al fondo de emergencia de SAG-AFTRA durante la huelga que, entre otras demandas, exigía protecciones frente al uso de réplicas digitales generadas por inteligencia artificial. Al mismo tiempo, desde 2022 venía desarrollando en silencio InterPositive, una empresa de herramientas de IA orientadas a postproducción que Netflix adquirió años después. Su trayectoria no es una contradicción simple, sino la ilustración más clara del dilema real: la inteligencia artificial ya está entrando en la industria. La pregunta que queda abierta —y que define el momento— es quién controla la herramienta, bajo qué condiciones de consentimiento, compensación y responsabilidad, y en beneficio de quién.
La industria no ha encontrado una postura única. El consenso emergente, sin embargo, apunta en una dirección: la inteligencia artificial puede ampliar la caja de herramientas del cine, siempre que la decisión final y la responsabilidad permanezcan en manos humanas.


