Andrew Hastie recibió el mensaje de un hombre con una enfermedad terminal. El remitente, un ciudadano de su distrito, le anunciaba que recurriría a la muerte asistida voluntaria. Esperaba de su diputado una respuesta a la altura de esa decisión. Para redactarla, Hastie consultó a Copilot, el asistente de Microsoft.
Según reportó The Guardian, el sistema ofreció tres opciones: «felicitaciones», «me alegra saber de ti» y «¡qué noticia tan maravillosa!». Las tres presuponían una situación alegre, muy lejos del mensaje que el diputado debía responder.
El hombre contaba una decisión difícil, tomada desde una enfermedad sin salida. No pedía permiso ni consejo: avisaba de algo que ya había resuelto. En ese cruce de inteligencia artificial y suicidio asistido, el asistente devolvió un texto escrito para otra conversación. La respuesta que llegara a sus manos debía acompañar ese momento crítico.
Inteligencia artificial y suicidio asistido: el caso ante la comisión
Hastie es diputado del Partido Liberal. Contó el episodio este viernes ante la comisión parlamentaria que investiga el ingreso de Anthropic y OpenAI a Australia. Lo usó para subrayar los límites del software estadounidense. Reclamó una inteligencia artificial gestionada por australianos, en lugar de depender de la estadounidense.
El gobierno de Anthony Albanese impulsa acuerdos con ambas empresas, y la audiencia sirvió para detallar ese plan. Frente a él hay voces que piden frenarlo o excluir a las tecnológicas. En esa discusión se insertó el contrapunto de la seguridad.
El argumento de la seguridad
El sector de defensa respondió que excluir a las empresas podría ser catastrófico. Abigail Bradshaw defendió el acceso a los modelos avanzados. La directora de la Dirección Australiana de Señales explicó que su agencia los necesita cada día para frenar a actores cibernéticos de alta capacidad.
Si un adversario cuenta con modelos más nuevos, puede detectar y explotar vulnerabilidades antes que sus equipos. La agencia depende por completo del procesamiento alojado en Estados Unidos. Si ese acceso se cortara, perdería capacidad de forma drástica.
Bradshaw añadió que las decisiones sobre el entrenamiento no admiten demora. Los proveedores, dijo, buscarán instalarse en otro lugar si Australia tarda en definirse.
El debate sobre la incorporación de la IA en Australia está en plena vigencia. En los últimos días se sumó la discusión sobre derechos de autor y entrenamiento de IA. La carta de aquel hombre sigue siendo el caso más concreto.



