La justicia de Estados Unidos imputó a un ingeniero de OpenAI. Lo acusa de colocar un dispositivo de grabación oculto en una sala de directorio de la empresa en San Francisco. Abdulrahman Alfozan, de 35 años y nacionalidad saudí, trabaja ahí desde julio de 2025. Las autoridades lo arrestaron el 9 de octubre y cuatro días después compareció ante un tribunal federal en California.
El cargo apunta a la intercepción de comunicaciones orales. Contempla hasta cinco años de prisión, una multa de 250.000 dólares y tres años de libertad vigilada. Según el comunicado del Departamento de Justicia, un equipo de seguridad de OpenAI halló el aparato el 30 de septiembre. Estaba envuelto en papel higiénico y conectado a un puerto USB detrás de un televisor. Las cámaras mostraron que el ingeniero rondó esa sala en varias fechas, aunque no tenía permiso para entrar ni para participar en sus reuniones.
Las conversaciones en esa sala abarcaban investigación propietaria, planes de producto y relaciones comerciales. También tocaban información no pública sobre avances técnicos, prioridades y acuerdos con el Gobierno. La acusación sostiene que el ingeniero de OpenAI hizo consultas previas. Buscó direcciones de edificios, capacidades de salas y calendarios de la dirección con una herramienta de productividad.
Un ingeniero de OpenAI, dos grabadoras y una sala reservada
La acusación describe un recorrido de varias semanas. Entre el 24 y el 30 de septiembre, una cuenta de chatbot pidió instrucciones para armar un grabador de audio continuo. Esa cuenta también preguntó cómo ajustar la conexión wifi y mejorar la escucha en vivo. Otra consulta apuntaba a cifrar una tarjeta de memoria. La cuenta estaba vinculada a la esposa de Alfozan y compartía datos con la de él. La misma cuenta preguntó por el encabezado y la dirección de red del aparato.
El 5 de octubre, Alfozan volvió a la sala y miró detrás del televisor. Ese mismo día dejó un bolso sin dueño en otra oficina. El personal de seguridad lo abrió y encontró su billetera, su identificación y un segundo dispositivo similar al primero.
OpenAI dijo que usó sus propios modelos de lenguaje para entender el aparato y rastrear su origen. La empresa situó así a un empleado concreto. También restringió de a poco su acceso a sistemas y oficinas. Lo puso en licencia y coordinó con el FBI el momento de su salida. La compañía confirmó que lo despidió el 9 de octubre. Estos detalles provienen de la propia empresa y no tienen verificación independiente.
Qué deja el caso para los laboratorios de IA
El episodio ocurre en un momento de máxima vigilancia sobre los laboratorios que persiguen la inteligencia artificial general. El director del FBI, Kash Patel, enmarcó el caso en la contrainteligencia. Dijo que proteger la innovación estadounidense en esta materia es una de sus prioridades más altas. El director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, sumó el asunto a una carrera global por la superinteligencia.
El caso se apoya en un memorando presidencial sobre superioridad en esa tecnología. Los funcionarios lo ligaron a la protección de la propiedad intelectual frente a amenazas externas. Para los laboratorios, el mensaje es doble. La información que producen vale tanto como sus modelos. Y las cámaras y los registros internos pasaron a ser prueba.
La defensa aún no presentó su versión pública. Alfozan permanece bajo custodia y la justicia fijó para el 19 de octubre una audiencia sobre su detención.
El FBI encabeza la investigación y la fiscalía del Distrito Norte de California lleva el caso.
Otras fuentes consultadas: BBC (13 de octubre de 2026); Politico (13 de octubre de 2026); Newsweek (13 de octubre de 2026); The Wall Street Journal (13 de octubre de 2026).




