David Durman, de 45 años, trabaja como administrador de investigación en la Universidad de Kentucky. Consiguió que la universidad lo eximiera de usar inteligencia artificial en su trabajo. Delegar su pensamiento en una máquina contradice, según él, sus convicciones humanistas.
La Asociación Humanista Estadounidense lo anunció en un comunicado. Durman pidió la excepción amparado en el Título VII. Esa ley federal permite a un trabajador pedir cambios en sus tareas por motivos religiosos.
Cómo se resolvió
En agosto, con apoyo de la asociación, envió una carta a la oficina de igualdad de oportunidades de la universidad. En septiembre se reunió con sus funcionarios. El 25 de septiembre aprobaron el pedido, al comprobar que no perjudicaba a su equipo. Desde entonces hace todo su trabajo sin usar la IA. La universidad resolvió el caso por su propia vía administrativa, sin pasar por un tribunal: la decisión vale para Durman y no obliga a otras universidades.
El humanismo se define por la razón y el bienestar humano, sin dioses ni dogma. Los tribunales de Estados Unidos lo reconocen como una creencia protegida por la misma ley que ampara a cualquier fe.
Durman no estaba obligado a usar la IA en su puesto. Sus jefes y colegas le habían recomendado probar las herramientas. Pidió la excepción antes de que esa sugerencia se volviera una orden. Se inspiró en Erin Maus, una ingeniera que logró una excepción parecida.
La universidad aclaró que revisará la excepción si sus tareas cambian. Durman espera que su caso anime a otros trabajadores con dudas parecidas a buscar una salida.
OTRAS FUENTES CONSULTADAS: Religion News Service (26/10); TechCrunch (29/10).




