El cobre para la IA dejó de ser una proyección. A mediados de octubre, en el debate de perspectivas de la LME Week de Londres, el jefe de análisis de metales y minerales de Trafigura, Graeme Train, puso una cifra sobre la mesa: los centros de datos consumen ya alrededor de un millón de toneladas de cobre al año, frente a casi nada cinco años atrás. Y esa cifra, dijo, se queda corta. «Se le podría sumar otro millón con bastante facilidad en los próximos cinco años, y quizá incluso dos», declaró.
La estimación importa por lo que deja ver del resto. Según la propia casa comercial, los sectores tradicionales —construcción, infraestructura, automóviles, línea blanca— no aportaron prácticamente nada al crecimiento de la demanda en ese mismo período. Todo el crecimiento vino de los sectores nuevos, y el centro de datos es hoy el principal: cerca del 3 % del consumo mundial del metal, según los cálculos que el propio Train presentó en el panel.
El cobre para la IA no está en el chip
La intuición dice que una infraestructura de inteligencia artificial es silicio. Un estudio publicado en agosto en Resources Policy y firmado por cinco investigadores de minería y política energética de Estados Unidos mide lo contrario. El trabajo construyó un modelo de abajo hacia arriba —de la pieza al edificio— para estimar cuánto material exige el despliegue de centros de datos en veinte minerales hasta 2035, y separó tres capas: cómputo, refrigeración y potencia eléctrica.
El resultado es que el cobre domina la masa total del modelo, con cerca de cuatro quintos del peso, y que las redes de transmisión y distribución explican la mayor parte de esa demanda: alrededor de dos tercios. Es decir, el centro de datos pesa sobre todo por la obra eléctrica que lo conecta, no por los servidores que aloja. La electricidad que necesita un edificio de cómputo llega por cables de cobre desde una subestación que también es de cobre, y esa obra se levanta antes de que exista el primer chip.
El estudio identifica además un material con estrechez propia, el acero eléctrico de grano orientado, que va en los transformadores, y advierte que para los minerales de menor volumen —galio, germanio, grafito, litio, cobalto, tierras raras— el riesgo no está en la tonelada extraída sino en la planta que la procesa. Como salida de corto plazo, los autores proponen recuperar subproductos en minas estadounidenses ya en operación.
Chile pone el mineral; el margen se decide en otra parte
Chile extrajo 5,388 millones de toneladas de cobre fino en 2025, según el anuario de Cochilco; la estimación del Servicio Geológico de Estados Unidos para el mismo año es de 5,3 millones. Con cerca de una cuarta parte de la producción mundial, el país sigue primero, muy por delante del Congo (3,2 millones) y de Perú (2,7 millones).
El problema es la dirección de la curva. Entre enero y agosto de este año la producción nacional llegó a 3,248 millones de toneladas, un 7,7 % menos que en el mismo tramo de 2025, y agosto fue el mes más débil en tres años y medio, con 366.300 toneladas. La proyección de Cochilco para el año completo ronda los 5,27 millones, otra caída. Mientras la demanda del metal sube por el lado de los centros de datos, la oferta chilena baja por leyes de mineral menores y fallas operativas.
Ese hueco lo llena otro. Train describió en el panel una industria que añadió un millón de toneladas de capacidad de mina en cinco años, casi sin crecimiento en concentrados y con la chatarra y la lixiviación cubriendo la diferencia. Y fue explícito sobre quién decide el paso siguiente: China seguirá construyendo fundiciones hasta que deje de necesitar importar cobre refinado, dijo, del mismo modo en que lo hizo con el acero y el aluminio. Alrededor del 75 % de la oferta de mina sumada en la última década tiene algún respaldo de capital chino. El mineral sale de aquí; la fundición que le agrega el siguiente tramo de valor, no.
Queda una pregunta abierta, y es de política de recursos: si el consumo de cobre para la IA se duplica en cinco años, el país que produce el metal no captura esa demanda por sí solo. Captura la mina. El resto depende de dónde se funde, de dónde se refina y de cuánta red haya que tender.
Fuentes consultadas: Resources Policy (Elsevier), estudio «Mineral demand from AI data centers», agosto de 2026 · Fastmarkets, cobertura del panel de LME Week con declaraciones de Trafigura, octubre de 2026 · Cochilco, Anuario de Estadísticas del Cobre y Otros Minerales 2025 y boletín mensual, 2026 · Servicio Geológico de Estados Unidos, Mineral Commodity Summaries 2026.




