Arquitecta china de noche frente a una laptop escribiendo instrucciones, con planos de estadios y escuelas que se disuelven en líneas de código

Los expertos que entrenan IA en China: conocimiento a precio de gig

Cuicui diseña estadios, escuelas y hospitales en Shenzhen. Tiene más de 40 años y una carrera larga en un estudio de arquitectura. En los últimos cinco años la inversión pública en infraestructura cayó, su ingreso se redujo a la mitad y necesitaba pagar la hipoteca y las actividades de su hijo. Su salida fue un segundo empleo nocturno en una plataforma de anotación de datos. Los expertos que entrenan IA en China se están volviendo una categoría laboral propia, y ella es una de ellos.

El trabajo consiste en escribir instrucciones paso a paso para un modelo. Cuicui le enseña a redactar propuestas de construcción o a hacer análisis de rentabilidad. «Es como enseñarle a un niño», dijo a Rest of World. «Cada tarea tiene que venir de mi trabajo real».

Expertos que entrenan IA sin poder usar IA

Las plataformas chinas reclutan perfiles de ese tipo a escala. Siriser, de Alibaba, abrió en enero y busca profesores, ingenieros mecánicos y compositores. Xpert, de ByteDance, dice haber reunido a más de 50.000 expertos, de escritores a terapeutas. TalentsAI y MeetChances contratan periodistas, contadores y cazatalentos. La regla común incomoda a todos los expertos que entrenan IA: tienen prohibido usar IA para resolver la tarea que les pagan por enseñar.

En junio, la Administración Nacional de Datos respaldó la construcción de «conjuntos de datos de alta calidad». Pidió integrar a más expertos de industria a la anotación para elevar la «densidad de conocimiento» del material de entrenamiento, y sugirió a los recién egresados tomar ese trabajo como empleo flexible. El contexto no es casual. El desempleo juvenil llegó al 17,9 % en julio, cerca de su máximo en tres años, con una camada récord de graduados entrando al mercado.

Un criterio experto que se cobra por tarea

La paga es modesta y el riesgo recae en quien anota. Cada tarea toma unas horas y se remunera entre 100 y 500 yuanes, cerca de 15 a 74 dólares. Las plataformas advierten en sus términos que un envío rechazado por control de calidad no se paga; Siriser acepta revisiones y apelaciones. Varios entrevistados pidieron el anonimato para no quedar identificados por sus empleadores o por las propias plataformas.

Las razones para aceptar son varias. Una entrenadora en Shenzhen con un máster en derecho decidió no entrar a un estudio jurídico: «Si yo no le paso mi conocimiento a la IA, otros lo harán». Otra, ingeniera de software en Shanghái con dos décadas de experiencia, resume la presión del mercado: «Hay que seguir evolucionando para no quedar reemplazado del todo». Ambas describen el mismo cálculo: ingresos hoy a cambio de saber mañana.

Las tecnológicas chinas ya lanzaron asistentes de oficina, como WorkBuddy de Tencent o Doubao Work de ByteDance, que arman presentaciones y sitios. Para que esos sistemas funcionen en medicina, derecho o finanzas falta el dato especializado, y ahí entra el criterio de profesionales desplazados de sus propios oficios. El intercambio es el asunto de fondo: alguien entrega el saber que le costó veinte años y recibe el pago de unas horas. Qué se hace con ese conocimiento después ya no lo decide quien lo enseñó.

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