En la Edad Media, el teatro callejero tenía una función doble: divertir al pueblo y satirizar al poder. Sin grandes recursos, pero con ingenio mordaz, los bufones representaban a reyes, nobles y sacerdotes como figuras ridículas, torpes o vanidosas. No era solo entretenimiento: era un acto de crítica pública, una manera de poner en escena lo que no se podía decir abiertamente.
Hoy, algo similar ocurre en las redes sociales, pero con una diferencia fundamental: el bufón ya no necesita disfraz ni escenario. Basta un buen prompt, una idea afilada y acceso a una inteligencia artificial generativa como Sora.
Sam Altman y la sátira viral: cuando el poder se convierte en personaje
Durante las últimas semanas, una avalancha de videos protagonizados por Sam Altman, CEO de OpenAI, ha inundado internet. En ellos, no aparece como figura heroica ni como villano: aparece como personaje bufonesco. Lo vemos entrando en baños por debajo de la puerta, espiando desde visores de casas, apareciendo en los rincones más cotidianos del hogar para preguntar, con tono insistente y absurdo, si ya tienes acceso a Sora.
El efecto es claro: la sátira no destruye, pero sí desarma. No ataca con violencia, pero ridiculiza con precisión quirúrgica. Y al hacerlo, expone una idea incómoda: que quienes crean las tecnologías más avanzadas han estado entrando en los espacios más íntimos de nuestras vidas.
Hay algo profundamente contemporáneo en esta nueva forma de crítica. No se hace desde el panfleto ni desde el manifiesto ideológico. Se hace desde el humor visual, desde el meme, desde la narrativa absurda. Y, paradójicamente, se hace con las mismas herramientas que el poder pone a disposición del público.
De la plaza medieval al video IA: el nuevo teatro del pueblo
Eso es lo más interesante de este fenómeno: la inteligencia artificial no solo sirve al control o la eficiencia, también puede ser usada para generar sátira, disidencia y crítica cultural. En lugar de temer a la IA como una amenaza apocalíptica, este tipo de contenidos la muestra como una aliada inesperada del pensamiento crítico, capaz de amplificar la voz del bufón contemporáneo.
No sabemos cómo reacciona Sam Altman ante estos videos. Tal vez los ignore. Tal vez se ría. Tal vez tome nota. Pero lo cierto es que hoy, cualquier CEO puede convertirse en personaje de teatro callejero digital. Y eso, lejos de ser banal, es uno de los gestos más democratizadores que ha traído esta nueva era tecnológica.
Como en los tiempos antiguos, el bufón no quiere el trono. Solo quiere que nadie olvide que el poder, cuando no se cuestiona, se desfigura.



