La séptima Semana de Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos abrió en Bogotá con un eje concreto: medir. La organiza la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico entre el 28 de septiembre y el 9 de octubre. En la apertura, la FAO, el Distrito y tres emprendimientos mostraron modelos de datos e inteligencia artificial para frenar el desperdicio de alimentos en Bogotá.
De acuerdo con lo publicado por Impacto TIC (30/09), la ciudad todavía carece de un sistema propio. Nadie informa cuánta comida rescata ni cuántas emisiones evita. Los paneles reunieron a la FAO, la academia, los gremios y tres iniciativas tecnológicas. Colombia arrastra la misma estimación oficial desde hace años.
El desperdicio de alimentos en Bogotá termina en el relleno Doña Juana. Allí entran cerca de 120 camiones por hora, de acuerdo con la organización Más Compost, Menos Basura. El país pierde o desperdicia cerca del 34 % de sus alimentos, según la estimación oficial. La mayoría son frutas y verduras, y la merma ocurre sobre todo en la producción. Esa merma carga un costo ambiental alto.
Cómo miden los datos el desperdicio de alimentos en Bogotá
La FAO desarrolla Pandora, un modelo que combina inteligencia artificial y análisis fotográfico. Estima cuánta masa y cuánta calidad pierden los alimentos. Apunta a productores que miden por atados y no usan báscula, una barrera común en el campo. La herramienta busca convertir una pérdida difusa en un dato comparable entre fincas y regiones.
EatCloud usa algoritmos para conectar a la industria con los 26 bancos de alimentos del país y con fundaciones. Según sus cifras, en seis años ha redistribuido más de 60.000 toneladas de comida. La aplicación Cheaf publica paquetes sorpresa con descuento para negocios con excedentes de vida corta. «Atacamos el desperdicio de alimentos de una forma granular», explicó Rodrigo Ramírez, de Cheaf.
El Distrito también mueve la cadena. Las 19 plazas de mercado que administra el Instituto para la Economía Social manejan 12.000 toneladas de alimentos al mes. Junto con la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, el IPES construye un biodigestor. Una plaza de mercado generará su propia energía a partir de residuos orgánicos. Más Compost, Menos Basura acompaña a cerca de 3.000 familias con una ruta de recolección de orgánicos.
El límite: medir toneladas y emisiones
La escala del problema supera a las iniciativas. «Vamos por una década mostrando las mismas cifras», advirtió Álvaro Acevedo Osorio, investigador de la Universidad Nacional. La Ley 1990 de 2019 se quedó corta y aún no define qué entidad vigila su cumplimiento. Otro dato: apenas el 1 % de la inversión ambiental cubre temas alimentarios.
Las pérdidas y los desperdicios generan entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Frente a esa cifra, la tecnología tiene un techo. «La IA no produce alimentos, no ara la tierra, no produce abono natural», recordó María Fernanda Copete, de la Cámara Verde de Comercio. El reto que dejó el foro es un sistema de monitoreo capaz de reportar reducción en toneladas y en emisiones.
Los organizadores buscan que Bogotá consolide una agenda de ciudad con academia, empresa, cooperación y organizaciones sociales. La cita se extiende hasta el 9 de octubre con talleres, laboratorios de innovación y mercados campesinos. El foro dejó una tarea pendiente: pasar de la concienciación a los datos que permitan verificar avances.
Otras fuentes consultadas: Alcaldía Mayor de Bogotá / Secretaría Distrital de Desarrollo Económico (comunicado), 09/2026 · FAO Colombia (panel), 09/2026 · Departamento Nacional de Planeación (estimación), 2026 · Banco Mundial (dato), 2026. (Cifras de redistribución de alimentos y de compostaje aportadas por las propias organizaciones.)




