Los responsables de transformación digital de 22 países iberoamericanos se reunieron el martes 3 de noviembre en la Real Fábrica de Moneda y Timbre de Madrid. Por la mañana fue el Foro Digital Iberoamericano; por la tarde, la primera reunión ministerial del área, la que debe aprobar la Declaración de Madrid y el lanzamiento de la alianza iberoamericana de IA. El texto pasa el 4 y 5 de noviembre a los jefes de Estado reunidos en la XXX Cumbre Iberoamericana.
La comunidad que se sienta en esa mesa tiene 700 millones de personas y una queja antigua: las máquinas que hoy escriben, traducen y responden aprendieron casi todo en inglés. «La cuestión es en qué parte de la cadena queremos ubicarnos: como granja de datos, como cliente dependiente o como productor digital soberano», dijo el ministro español Óscar López al abrir el foro. Frente a los modelos de Estados Unidos y de China, propuso «una tercera vía digital humanista, multilateral, sostenible y confiable».
Andrés Allamand, secretario general iberoamericano, puso la urgencia: «La inteligencia artificial no va a esperar a Iberoamérica». Y agregó: «O nos organizamos para decidir, participar e influir en su desarrollo, u otros decidirán por nosotros». La alianza nace, dijo, para que la región deje de ser solo usuaria de tecnologías diseñadas en otros lugares y construya las suyas «con nuestros datos, nuestras lenguas y nuestras prioridades» (despacho de EFE, 3 de noviembre).
La alianza iberoamericana de IA empieza por el idioma en que aprende la máquina
El primer compromiso del documento es el idioma. Los países se proponen desarrollar modelos de IA en español y en portugués y, de forma progresiva, en las lenguas cooficiales de cada Estado y en las lenguas indígenas y originarias. La razón es práctica: un sistema entrenado sobre todo con textos en inglés responde regular en español y muy mal en guaraní, en quechua o en aimara, porque casi no encontró esas palabras cuando aprendió.
En la vida diaria eso se traduce en una consulta de salud mal contestada, un trámite que el asistente no entiende o una receta que la máquina lee distinto de como la lee la enfermera que la atiende. López recordó que hay más de 850 millones de hispanohablantes y que la mayoría de los modelos que sostienen la IA se entrenan en inglés. También situó a la región: cerca del 14 % de las soluciones globales de IA salen de Iberoamérica, según su cartera.
Compartir los datos y las computadoras que ninguno puede pagar solo
El segundo compromiso es un espacio iberoamericano de datos: intercambiar información pública entre países con estándares abiertos, sin llevarla a un depósito único y sin sacarla del alcance de la ley de cada uno. La idea es que un sistema entrenado en México sirva en Chile y que los datos de salud o de clima de un país puedan usarse en otro bajo reglas acordadas, con cada Estado conservando el control de lo suyo.
El tercero es la computación de alto rendimiento. Entrenar un modelo grande exige miles de procesadores especializados encendidos durante semanas, una factura que ningún país de la región cubre solo. La cooperación ya tiene un precedente: España y México trabajan juntos en infraestructura de supercomputación, con el Barcelona Supercomputing Center como socio técnico.
Allamand ubicó la pelea en otro lado: «El partido de la IA se juega en un solo campo, el de la regulación». Describió los modelos en disputa: uno de regulación mínima, que llamó el paraíso de las grandes empresas del sector; otro de regulación máxima en manos del Estado, que llamó el paraíso de las dictaduras. La tercera vía, la europea y la iberoamericana, pone a las personas en el centro y busca que los derechos no frenen la innovación. El 4 y 5 de noviembre, los jefes de Estado de los 22 países se pronuncian sobre el texto que firmen sus ministros.
OTRAS FUENTES CONSULTADAS: La Vanguardia (02/11/2026); Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública de España (03/11/2026); Cumbre Iberoamericana 2026, sitio oficial (21/10/2026).




