Ilustración editorial aérea: un campus de centros de datos de naves bajas y torres de refrigeración que emiten vapor blanco sobre suelo árido y agrietado; a su lado, franjas estrechas de cultivos verdes y ámbar y un río poco profundo que serpentea hacia montañas nevadas con glaciares en retroceso

El agua y los centros de datos: el costo hídrico del auge de la IA en China

Más del 70% de la capacidad de centros de datos de China se levanta en zonas que ya sufren estrés hídrico de moderado a extremo. El agua y los centros de datos entraron así en una misma cuenta: la refrigeración de los servidores compite con el riego de los cultivos. El caso más nítido está en Ulanqab, la ciudad de Mongolia Interior que se convirtió en la mayor base de cómputo del país: al cierre de junio acumulaba 89 proyectos de centros de datos por unos 500.000 millones de yuanes, unos 70.000 millones de dólares.

El atractivo de Ulanqab es su energía. La electricidad cuesta entre 30% y 40% menos que en la costa este, y en el polo local el 90% proviene de fuentes renovables, por encima del promedio nacional de 73,6%. Como la luz representa entre el 60% y el 70% del costo operativo de un centro de datos, la ventaja es decisiva. El consumo eléctrico de los servicios de datos de la ciudad creció 85,2% interanual en el primer semestre, hasta 4.000 millones de kWh.

El mapa del agua y los centros de datos muestra la otra cara. China dispone de unos 2.100 metros cúbicos por habitante al año, cerca de un cuarto del promedio mundial, y el sur concentra alrededor del 80% del recurso. Las provincias del norte y el oeste viven en sequía crónica. En Ulanqab el agua per cápita equivale a un cuarto del promedio nacional, y la política de «Datos del Este, Cómputo del Oeste» traslada las cargas desde la costa hacia el interior seco. China Water Risk estima que el consumo hídrico de los centros de datos chinos pasó de unos 1.300 millones de metros cúbicos a más del doble hacia 2030.

La paradoja del agua y los centros de datos

El enfriamiento evaporativo es el punto de fuga. Durante el verano, los grandes centros de datos consumen millones de litros de agua por día, y su gasto anual se compara con el de una ciudad de 30.000 a 40.000 habitantes.

El calor agrava el círculo. Cuando la temperatura del aire supera ciertos umbrales, el enfriamiento seco no alcanza para disipar el calor de los servidores y los operadores deben recurrir al agua para evitar fallas. Los centros de datos consumen su máximo volumen de agua en los días más calurosos, cuando el estrés hídrico de la zona llega a su punto más alto.

La respuesta local y el patrón que se repite

Las autoridades de Ulanqab reaccionaron. El municipio proyecta ampliar el uso de agua regenerada y aplicar políticas de ahorro; la prensa local pidió pruebas de estrés bajo escenarios de sequía extrema con planes de contingencia. La discusión de fondo es de reparto: en un año seco, qué uso cede para que el suministro de los centros de datos se mantenga estable.

El patrón no es exclusivo de China. En condados desérticos de Arizona y en cuencas agrícolas secas de Oregón, productores y grupos ambientales protestaron por la prioridad que recibe la refrigeración de servidores durante sequías prolongadas. En Chile central y el altiplano mexicano los reguladores enfrentan presiones similares. La economía digital promete valor intangible y sin fronteras, pero su motor físico extrae recursos finitos y localizados: el agua de una cuenca concreta, en un año concreto.

China construyó una política para emparejar energía y cómputo, y sus planes reconocen la restricción hídrica. En Ulanqab esa restricción ya se administra con agua regenerada y con medidas que nadie probó a escala de sequía extrema. La pregunta que queda abierta es de prioridades, y se responde en el mismo lugar donde se instala la infraestructura: qué uso gana cuando una misma cuenca debe refrigerar servidores y regar cultivos.

Otras fuentes consultadas: ThinkChina (21/09) · Caixin Global (14/08) · Aju Press (19/08) · Sing Tao Daily (19/08).

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