Los trabajadores frente a la IA prefieren empleos antes que subsidios

La mayoría de los trabajadores frente a la IA prefiere empleos garantizados antes que un ingreso garantizado, incluso quienes viven en situaciones económicas precarias. Así lo muestra una encuesta aplicada a más de mil personas en más de 60 países, coordinada por Windfall Trust y el Collective Intelligence Project.

La encuesta no se limitó a preguntar cómo se sienten las personas frente a la tecnología. También indagó en quiénes confían, qué quieren y cómo debería ser una respuesta a la eventual pérdida de empleos.

El resultado más llamativo surgió al ofrecer dos opciones: un ingreso garantizado o empleos garantizados. La mayoría eligió los empleos, de forma consistente en todas las regiones e incluso entre quienes se encuentran en situaciones económicas precarias. El dato revela qué esperan los trabajadores frente a la IA, más allá del cálculo económico.

La elección de los empleos no responde solo al dinero. Quienes los prefirieron hicieron una declaración sobre lo que significa el trabajo: no solo un ingreso, sino identidad, rutina y una forma de pertenecer a algo más grande que uno mismo.

Las respuestas acerca del impacto

En el conjunto de los países encuestados, el 60 % cree que la IA tendrá un impacto neto negativo en la disponibilidad de buenos empleos. Al mismo tiempo, el 72 % afirma que la IA tiene un efecto neto positivo en sus propias vidas. Son, con frecuencia, las mismas personas.

Solo el 9 % confía en que los gobiernos nacionales gestionen de forma justa las ganancias de la transición. Las instituciones de investigación pública aparecen como las más confiables; los gobiernos, las redes sociales y las grandes corporaciones, como las que menos.

Cuando se les pregunta por qué deberían compartirse los beneficios de la IA, el 46 % responde que la tecnología se construyó sobre conocimiento humano compartido. No lo plantean solo como compensación por un daño, sino como un derecho de propiedad colectiva.

Las demandas prioritarias

Las tres demandas más mencionadas —cada una con el 21 %— son la creación y protección de empleos, un acceso más amplio a la salud y una mejor educación.

Las diferencias regionales importan. En algunos países el optimismo es alto y se orienta hacia servicios públicos o canales digitales directos; en otros pesa más la desconfianza institucional y el temor al desempleo.

Qué implica el hallazgo

Las proyecciones del Foro Económico Mundial y del Fondo Monetario Internacional anticipan millones de desplazamientos laborales hacia 2030. Lo que esos pronósticos suelen omitir es qué quieren realmente los trabajadores de las instituciones que gestionan esa transición.

La encuesta completa forma parte del proyecto Global Dialogues de Windfall Trust. Sus resultados muestran una tensión clara: la gente no rechaza la IA, pero desconfía de las instituciones actuales para repartir sus beneficios. Prefiere conservar el trabajo antes que ser compensada por perderlo, y plantea el reparto de las ganancias de la IA no solo como ayuda, sino como un derecho sobre algo que se construyó colectivamente.

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