El seguro contra el impago de la IA tocó niveles críticos. Los credit default swaps (CDS, contratos que cubren al tenedor de un bono si el emisor deja de pagar) de varias compañías ligadas a la inteligencia artificial se dispararon esta semana: los de CoreWeave superaron los 1.000 puntos base —un umbral que casi no se ve fuera de una crisis—, mientras los de Oracle marcaron un máximo histórico de 288 y los de SoftBank llegaron a 424, según datos de LSEG y S&P Global Market Intelligence recogidos por Reuters. Cuando el seguro contra el impago se encarece así, el mercado dice algo simple: empieza a dudar de que la fiesta de la IA se pueda pagar. Y no es un detalle de nicho: sube el costo de financiar todo lo que el sector tiene construido y todo lo que le queda por construir.
CoreWeave, el foco del problema
CoreWeave concentró la atención. La empresa, que alquila capacidad de cómputo en la nube para cargas de IA, arrastra pérdidas y una deuda que el mercado ya mira con desconfianza. Su modelo consiste en comprar procesadores costosos con dinero prestado y revender su uso, con ingresos concentrados en pocos clientes: un negocio que funciona mientras el crédito sea barato y la demanda, sostenida. Sus bonos se negocian muy por debajo de su valor nominal —pocos creen que valgan lo que dicen valer— y sus CDS superaron los 1.000 puntos base, un nivel que implica una probabilidad de impago a cinco años casi el doble que hace un año.
Su director ejecutivo, Mike Intrator, respondió con un memo interno: la cartera de pedidos «cubre con creces todas nuestras obligaciones de deuda» y el mercado «a veces malinterpreta y actúa de forma irracional». La discusión se encendió cuando un inversionista publicó en X un gráfico sobre sus bonos y Elon Musk respondió «yikes»; para varios analistas, su balance es frágil frente al de otras nubes nuevas. La compañía, en tanto, dice buscar una calificación de grado de inversión que le abra acceso a capital «ilimitado»: hoy depende de la buena voluntad de quien le preste.
Por qué el impago de la IA preocupa ahora
El episodio es un síntoma de un malestar más amplio. Las grandes tecnológicas prevén gastar cientos de miles de millones de dólares este año en infraestructura de IA, buena parte financiada con deuda, y el mercado empieza a preguntarse si esa inversión generará ingresos a tiempo para cubrir los intereses. Algunas consultoras advierten que buena parte de las neoclouds —los operadores de nube para IA— podría no sobrevivir a la década: demasiada capacidad levantada antes de que exista quien la pague.
La desconfianza se extiende más allá de CoreWeave: los seguros de las mayores tecnológicas, como Nvidia o Amazon, también marcaron máximos, aunque muy por debajo de los de Oracle, y el sector de semiconductores borró valor a lo largo de la semana. Detrás late una pregunta incómoda sobre el financiamiento circular —fabricantes que invierten en sus propios clientes para que compren sus productos—, que amplifica el riesgo si la demanda se enfría. El dato se suma a las advertencias recientes del FMI y del Banco de Inglaterra sobre el riesgo que una corrección en el mercado de la IA representa para la estabilidad financiera. La pregunta abierta es si el crédito sostendrá el ritmo de inversión o si será el punto donde el crecimiento se frene: la IA ya no se juega solo en los modelos, sino en quién paga la infraestructura que los hace posibles.
Fuentes consultadas: Reuters (15/10/2026); SiliconANGLE (14/10/2026).




