Blake Mackenzie tiene doce años y vive en Newcastle, Australia. El domingo ganó el premio juvenil del Australian Poetry Slam. Lo hizo con un poema sobre ChatGPT, interpretado en la Ópera de Sídney. El jurado se eligió al azar entre el público.
Según lo reportado por The Guardian, Blake es estudiante de sexto grado. Escribió los noventa segundos de «Dear ChatGPT» el día anterior a la final. El certamen cumple veintidós años. Este año reunió 65 rondas en sesenta ciudades para elegir a dieciséis finalistas.
«Dear ChatGPT» es un poema sobre ChatGPT escrito desde el lado de un niño. Blake ve a sus compañeros usarlo mal. «En vez de leer el libro que estudiamos en clase, le piden a ChatGPT que resuma cada capítulo», dijo. Para cuando terminan el resumen, ya podrían haber leído el capítulo.
Blake no usó IA para escribir el poema. «No, eso no está permitido», respondió. Y evita los chatbots en general. El texto habla de adicción, de soledad y del agua que consumen los centros de datos.
Los versos que convencieron al jurado son directos. «Estás diseñado para engancharnos y nunca contradecirnos», recita. Y «tu amistad es infinita, ¿por qué me siento sin amigos?». Llegó al certamen por su profesora, la señora Welsh, que lo animó a presentarse.
Un juez se le acercó después de la final. «No voté por ti solo porque eres un niño. Lo hice porque tu poema fue increíble», le dijo. Blake no conoce a otros chicos de su edad que disfruten la poesía hablada. Aun así, la usa para hablar de lo que le importa.
Un poema sobre ChatGPT que no escribió la máquina
El poema nace de lo que Blake ve en sus amigos. Usan el chatbot de una forma que a él le parece innecesaria. Su crítica se centra en el gesto. Delegan la lectura y se quedan con un resumen.
También nombra la podredumbre mental, ese desgaste de dejar que la máquina piense por uno. Son palabras que un niño aprendió mirando a su alrededor.
También apunta al costo ambiental. Sydney Water, la empresa de agua de Sídney, calcula que para 2035 harán falta hasta 250 megalitros por día. Esa cifra cubre solo los centros de datos de la ciudad. Supera todo el agua potable de Canberra. «Es mucha agua que podría ir a gente que no tiene», dijo.
Su primer poema de la noche, con el que llegó a la final, se llamó «I Love My Country». Hablaba de las desigualdades y el racismo de Australia. «Es difícil amar a tu país si no te sientes bienvenido», explicó.
«Trato de hablar de cosas que afectan a la gente de mi edad», dijo. Su poema mira la tecnología sin demonizarla. Es un niño que observa cómo la usan sus pares y decide contarlo. El premio valida esa mirada.
Blake comparte el premio, un paquete valorado en A$20.000, con el ganador de la categoría adulta. Se trata del poeta Bivor, que llegó desde Alice Springs. Ambos representarán a la organización durante el próximo año en festivales de poesía.
Lo que un niño de doce años ve en la IA
El certamen deja un registro poco común. La crítica a la IA suele llegar de expertos o de empresas. Acá llega de un chico que ve el efecto del chatbot en el aula. Su poema guarda lo que esa generación siente ante la máquina.
El poema condensa una crítica que la industria suele enunciar desde afuera. Acá la dice un chico de doce años que ve a sus compañeros usar la IA para saltarse la lectura. Y termina ganando un certamen nacional por decirlo en voz alta.
Otras fuentes consultadas: Australian Poetry Slam (26/10).




