Hombre con suéter verde y pantalones oscuros sentado en sillón beige gesticulando frente a figura holográfica luminosa de colores azul y naranja sobre pedestal de madera en sala con estanterías de libros plantas y grandes ventanas

Qué necesidades psicológicas predicen aceptar un compañero o terapeuta de IA

Un estudio con poco más de 35 mil personas en 35 países determinó que las necesidades psicológicas y la cultura predicen la disposición a aceptar un compañero o terapeuta de IA. El trabajo distingue qué necesidad pesa según el rol que se delega en el sistema. Y documenta una brecha regional marcada: la aceptación en el África subsahariana casi duplica la registrada en los países nórdicos.

El trabajo aparece en la revista Telematics and Informatics. Los autores analizaron respuestas de la Encuesta Global de Bienestar Digital de 2023. La muestra reúne a usuarios de internet mayores de 18 años distribuidos en nueve conglomerados culturales.

Qué mide la disposición a aceptar un compañero o terapeuta de IA

La encuesta presentó cuatro escenarios hipotéticos: dejar que un sistema de IA eduque a un hijo, diagnostique una enfermedad, aconseje sobre un problema de salud mental o acompañe en el día a día. Estos dos últimos roles definen la aceptación de un compañero o terapeuta de IA. El equipo midió tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y conexión con otras personas.

La autonomía describe la sensación de control sobre las propias decisiones. La competencia se refiere a sentirse capaz y eficaz. La conexión alude al vínculo con otras personas. Los investigadores aplicaron modelos estadísticos que ajustaron por demografía regional para comparar los grupos con precisión.

El punto de partida fue una observación. La IA deja de ser un instrumento para tareas puntuales y pasa a asumir funciones con responsabilidad e interacción humana. Los autores quisieron saber si los factores que explican la adopción de una aplicación alcanzan para entender la confianza en estos roles de mayor consecuencia.

La competencia resultó el predictor más consistente para delegar roles de alta exigencia, como médico o docente. La autonomía pesó más en los roles sociales y emocionales, como consejero de salud mental o acompañante diario. La conexión con otras personas mostró el efecto global más débil, aunque ganó relevancia en algunos contextos culturales, como los conglomerados confuciano-asiático y árabe-islámico.

La cultura cambia la disposición a delegar en la IA

Los participantes de las regiones árabe-islámica, confuciana-asiática, del África subsahariana y del sur de Asia mostraron mayor disposición a delegar roles sociales en la IA que los de países anglo-individualistas, como Estados Unidos y Reino Unido. Las regiones nórdica y germánica registraron la menor aceptación.

El estudio aporta cifras concretas de esa brecha. Cerca del 63% de los participantes del África subsahariana usaría un compañero generado por IA para tareas cotidianas, frente a cerca del 33% en el conglomerado nórdico. Para un docente de IA, las cifras fueron cerca del 38% en el conglomerado árabe-islámico y cerca del 18% en el nórdico.

Los autores subrayan que los efectos de las necesidades psicológicas no son uniformes entre culturas. Por ejemplo, la autonomía pesó más en el sur de Asia, mientras los países nórdicos mostraron poca disposición a delegar pese a valorar culturalmente la autonomía.

Los autores advierten límites del método. Las preguntas de una sola frase no permiten medir perfiles psicológicos profundos. Tampoco pudieron confirmar la equivalencia de medición entre culturas. Las diferencias culturales se leen entonces como patrones prometedores, no como evidencia definitiva de mecanismos.

Otro límite son los escenarios hipotéticos. Decir que uno dejaría que una IA lo diagnosticara no equivale a hacerlo frente a una decisión médica real. El siguiente paso del equipo es pasar de la disposición declarada a la interacción real con sistemas de IA a lo largo del tiempo.

El equipo planea explorar cómo principios de diseño, como ofrecer opciones significativas o formas adecuadas de conexión social, pueden apoyar esas necesidades. Una pregunta abierta es si estos rasgos funcionan igual en todas las culturas o requieren adaptación local.

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